Piénsalo dos veces cuando sientas un impulso.
¡Si es necesario, enciérrate en tu cuarto y átate a la cama!
Desenchufa el teléfono y NO recurras al correo electrónico (es igual de malo).
Mírate al espejo y repítete que no quieres que te vea así:
con los ojos enrojecidos y la cara hinchada por el llanto.
No estás nada atractiva.
Recuérdate que es es pasajero. No es más que un pequeño inconveniente en el gran plan de tu vida. Volverás a estar bien. Estarás más que bien.
Toma una ducha o un baño de inmersión caliente. Libera en el agua todas tus tensiones y tu dolor. Limpia tu mente de todo pensamiento y relájate de verdad.
Vuélvete a mirar al espejo y contempla lo hermosa que eres, lo fuerte que eras antes y cuánto más fuerte serás después de todo esto. Lo más importante: recuerda qué poca suerte tiene él. No eres tú quien ha perdido: él te ha perdido a ti.
Haz un pacto contigo misma para sobreponerte, tal vez ni hoy ni mañana, pero pronto... pronto empezarás de nuevo, mejor que antes.
"Esta es la realidad en la que naufragas:
es el hormigueo en las piernas
y el nudo que te cierra el estómago.
Es la escena de la película
donde se necesitan (muchos) pañuelos.
Es la parte que nadie te dijo que sería fácil...
La más difícil de todas.
Y cuando hayan pasado estos momentos,
cuando liberes la tensión
que se ha acumulado en tus sienes,
y las mariposas que aleteaban en tu estómago
pongan rumbo al horizonte,
la fuerza surgirá de tu interior
y, al fin, serás libre."

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